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lunes, 9 de septiembre de 2013

Escaleras eléctricas al cielo


Así suena el recorrido por las escaleras eléctricas

Ubicadas en el barrio Las Independencias de la Comuna 13 de Medellín, las primeras escaleras eléctricas públicas, insólito emprendimiento pensado para mejorar la movilidad de 12 mil habitantes de la ciudad, se han convertido en el atractivo turístico de un barrio al que antes sólo se acercaban sus propios habitantes.

Hace poco tuve la oportunidad de ver este desarrollo de movilidad que desde su inauguración en 2011, es una de las imágenes bandera de la supuesta renovación por la que pasa la ciudad de Medellín, mi ciudad. Y no pude evitar pensar mientras subía por aquella estructura brillante y limpia, que hay mucho de falso en esa obra.

Lo pienso por dos situaciones. La primera, un hombre a quien, en las afueras de la estación San Javier del Metro, le pedí me guiara para llegar hasta las escaleras.

-¿Están lejos? pregunté.
-¿Usted que va a hacer por allá, a esta hora? Me respondió. Eran las seis de la tarde.

A continuación procedió a prevenirme.

-No vaya por allá y menos a esta hora. Ese paseo es bonito a eso de las 10 u 11 de la mañana. Usted sube, lo ve y baja tranquilo, pero de noche, no, no, no…

Fue insistente y supo sembrar en mi un prudente miedo.

Luego pedí una segunda opinión, a un taxista en el acopio frente a la estación. La respuesta fue diferente. Aunque en su ojos noté cierta reticencia, no sé si fundada en mi prevención o en la suya.

-Yo lo llevo, no hay problema- Eso dijo.

Durante el recorrido pregunté por la situación del barrio. Y dejó salir esa respuesta sin compromiso, aprendida de memoria, que damos todos los ciudadanos de este valle ante esa pregunta.

-Por estos días está calmado, pero usted sabe, es mejor tener cuidado-. No dejó de mirar el camino mientras lo decía.

Y no pude evitar pensar mientras subía por aquella escalera eléctrica brillante y limpia, que hay mucho de falso en esa obra. Lo digo por mí, pues como probablemente lo hicieron muchos antes que yo, subí y bajé mecido por la vibración eléctrica sin siquiera pensar en la posibilidad de entrar en el barrio, de intentar jugar con los niños que tienen por parque de diversiones a esta obra.

Hice lo que se supone se debe hacer en el turismo tradicional, fui, miré, tomé algunas fotos, expresé lo bonito que quedó todo y me fui. Me fui con un mal sabor de boca, propio y ajeno. Ya que confirmé, con tristeza, que en esta ciudad el cemento es más maleable y se transforma con mayor velocidad que la mentalidad de sus habitantes.


Coletillas:

1. Antes de preguntarle al señor A de la historia, pregunté a un celador del parque biblioteca contiguo a la estación del metro y a un bachiller de policía de la zona, por el cómo llegar a las escaleras. Ambos dijeron no saber...

2. No tengo idea de por qué titulé esto como Escalera eléctrica al cielo.

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