martes, 27 de mayo de 2014

Tres juglares del Valle de Aburrá, música en el bus.

La siguiente escena es común para que quienes vivimos en el valle de Aburrá… El bus en el que vamos transportados hacia nuestro destino, siempre saturado de la música favorita del conductor,  se detiene un momento y la puerta delantera se abre, el conductor del vehículo gira el rostro y extiende la mano en busca del dinero que todo nuevo pasajero le debe ofrecer en dadiva por su servicio, pero en esta escena el chofer no encuentra pasajero o dinero.

Intrigado, molesto, inquieto o desprevenido, el conductor siempre  se revolverá en su asiento estirando el cuerpo hacia la puerta para resolver el misterio de porque en su mano no se encuentran los 1700 pesos colombianos (tarifa 2014), que siempre está presto a recibir de sus menos importantes y siempre anónimos, pasajeros. Es aquí donde empieza la acción.

Desde la perspectiva del pasajero que ya se encuentra en el interior del bus, se escucha una voz aún sin cuerpo, que grita una súplica de variadas modulaciones y sintaxis:

—¡¿Mono, me deja trabajar?!
—¡¿Padre, me colabora con el trabajo?!
—¡¿Me apoya para tocar?!

Frases que guardan el mismo objeto, conseguir el permiso del conductor para subir al bus sin pagar el pasaje y ofrecer a las personas en el vehiculo un producto por el cual espera recibir una moneda…  Los productos ofrecidos son variados, dulces, lapiceros, cepillos de dientes, libretas, estampas de santos, poemas y música… Son los músicos ambulantes los que hoy me llevan a escribir.

El chofer, en su omnipotente posición de conductor de vidas, dicta cuales de estos músicos ambulantes suben o no a su dominio. Quienes reciben la venia para ascender al reino de chasís,  tienen vía libre para ser los juglares que intentaran deleitar a los pasajeros y con ello conseguir el poco dinero que estos deseen dar en prenda… La escena continua, el músico, con su instrumento al hombro, sea una guitarra o un parlante portátil; se mueve, a veces ágil a veces torpe, por encima o por un lado de la máquina registradora del bus para evitar que su entrada quede marcada.

Con una agilidad y equilibrio envidiables, apoya el cuerpo contra una silla procurando siempre no incomodar a quien está en ella sentado, toma el instrumento entre sus manos afinando la guitarra o sincronizando el reproductor de música; ignorando, en apariencia, la física violenta de un bus en movimiento…  Los juglares del valle de Aburrá  carraspean la garganta, se presentan rápidamente ofreciendo siempre disculpas por la molestia y sin más compromiso que el de intentar agradar a quien escucha, comienzan su concierto: 
Canción: En Algún Lugar  - Duncan Dhu / Intérprete: Músico ambulante desconocido

Canción: Ódiame  - Julio Jaramillo / Intérprete: Músico ambulante desconocido

Canción: desconocida / Intérprete: Músico ambulante desconocido

El concierto termina, nunca dura más de tres canciones y la despedida, a pesar de las variaciones, es siempre la misma:

—Muchas gracias damas y caballeros, espero que hayan disfrutado de esta canción… La dama o el caballero que tenga la voluntad de colaborarme con una moneda, estaré pasando por sus puestos. Gracias a todos feliz tarde, buen viaje y que dios los bendiga a ustedes y a sus familias.

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